The Offspring asalta el Olimpic en una noche de punk rock inolvidable
Hay conciertos que son una demostración de fuerza visceral que convierte un recinto en el epicentro de una energía arrolladora. Eso fue exactamente lo que The Offspring, con la complicidad de unos magistrales Simple Plan, consiguieron en el Olimpic Arena de Badalona con todas las entradas vendidas.
La velada comenzó con Simple Plan, quienes demostraron ser mucho más que unos teloneros. Los canadienses son maestros en el arte de conectar con el público, desplegando un catálogo de himnos generacionales que sirvieron como la perfecta ignición. Su actuación fue una celebración del pop-punk en su estado más puro, preparando el terreno para la tormenta rockera que estaba por llegar.

Tras veinte minutos de descanso, el escenario recibió a las leyendas. The Offspring no salió al escenario, lo asaltó. La banda dio el pistoletazo de salida tocando nueve temas sin hacer apenas ninguna pausa entre ellos. Una descarga de adrenalina protagonizada por himnos como ‘Come Out and Play’ y ‘All I Want’ que prometían una noche sin tregua. Liderados por la inconfundible voz de Dexter Holland y los riffs afilados de Noodles, demostraron por qué son una de las fuerzas creativas más potentes del punk rock.
El concierto fue un viaje a través de un legado imborrable, en el que hubo espacio para alguna lágrima durante la emocionante ‘Gone Away’, que transformó el pabellón en un mar de luces en un momento de pura conexión. Pero esa pausa solo sirvió para tomar impulso antes de la apoteosis final.

La recta final fue una fiesta sin cuartel, una sucesión de clásicos que son parte del ADN de varias generaciones. ‘Pretty Fly (for a White Guy)’, ‘The Kids Aren’t Alright’ y el estallido colectivo de ‘Self Esteem’ fueron el broche de oro a una actuación impecable, donde la banda y el público se fundieron en una sola voz.
Con este último tema se despedía un concierto lleno de nostalgia y de rock que, por un momento, nos devolvió a los noventa.